domingo, 13 de enero de 2013

Sexto Capitulo del Libro Un Amor Soñado


Jorge Santoro salió de la fiesta caminando rumbo a la parada del colectivo, tomaría la línea 562, quería ir por Colon y luego por la Avenida Pedro Luro hasta la costa; necesitaba estar cerca del mar; quería despejarse, olvidar aquel rostro amado que tanto dolor le causara, de aquella humillación que el consideraba injusta-casi siempre uno y creo que es un mecanismo de auto defensa, piensa que el equivocado es el otro y que uno fue la victima; pero si se reflexiona sobre las causas con sinceridad puede terminar dándose cuenta que su actitud, su manera de obrar también fue inadecuada, el “ego” tiene mucho que ver en estas cuestiones, nos cuesta reconocer nuestros errores y Jorge no era la exención; un hombre terco, con algunos caprichos y algo de machismo, que no le ayudarían a resolver fácilmente esta cuestión-Esa noche fue para el olvido, cuando volvía a casa tropezó con una baldosa y se golpeo al caer el rostro, termino amaneciendo con  un par de hielos sobre su cara; al día siguiente, casi cerca del medio día atendió una llamada telefónica, era Federica; eso lo alegro mucho, quería hablar personalmente con el, pedirle disculpas y encargarle un nuevo cuadro; le dijo que luego que el se marchara de la fiesta conoció a Roberto, un joven medico, amigo de un arquitecto que trabajaba para la familia y que se habían gustado; a ella le pareció una buena idea la que propuso Roberto-Un  cuadro pintado por vos expreso Federica, en donde el y yo posemos abrazado-si como vos digas amiga manifestó Jorge, soy un profesional, me debo a mi trabajo, nos vemos-Corto la comunicación, se sentó en un sillón afirmo sus brazos sobre el escritorio, recostó su cabeza y comenzó a llorar; dicen que los hombres no deben llorar, pero a veces es imposible negar lo que uno siente (continuara)
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